Una niña tuvo una broncoaspiración que puso en riesgo su vida y médicos del Notti viajaron a San Rafael

Para la asistencia de una niña de 1 año y 5 meses que sufrió de una broncoaspiración, tras atragantarse con un hueso de pollo, debió montarse un megaoperativo sanitario del que participaron médicos del hospital Schestakow y otros del hospital Notti, Mendoza, que viajaron de urgencia a San Rafael en un helicóptero policial.
La médica endoscopista Ana Lores, dijo que debido a la condición en la que estaba la niña, era mejor tratarla en su ámbito (Pediatría del hospital Schestakow), y no trasladarla a Mendoza. “La niña se había aspirado, llevaba algún tiempo con ese cuerpo extraño en uno de los bronquios, y nosotros siempre hemos tenido ese concepto: si nos tenemos que subir cuatro o cinco del equipo, nosotros estamos sanos y nos podemos subir en un colectivo, en un auto (aunque esta vez fueron mis colegas trasladados en helicóptero), y no trasladar a una paciente que está en una situación delicada, en una situación de inestabilidad. En la provincia nosotros tenemos trechos que son largos, aunque sea en helicóptero. La niña, con su inestabilidad respiratoria y un médico arriba de un helicóptero, arriba de una ambulancia, entonces siempre hemos tenido ese concepto de que yo me puedo subir a un colectivo, pero el paciente está susceptible, es grave y amerita que el profesional se traslade”, destacó y aclaró que de igual manera, los equipamientos son fácilmente transportables, por lo que se llevan en una sola valija. “Fue una experiencia muy buena, porque nos trasladamos con todo el equipo que está muy acostumbrado a las posibles complicaciones de este procedimiento y también tuvimos el amplísimo apoyo del hospital Schestakow, de la gente de Quirófano, su anestesista, sus pediatras, gente de servicios, gente de anestesia”, aseguró.
Lo primero que se hizo en este procedimiento que duró casi dos horas y media, fue una visualización del cuerpo extraño, mediante un endoscopio apropiado para la edad del bebé; el bronquio reaccionó, se estrechó, se inflamó y se infectó, lo que complicaba la oxigenación de la pequeña; la anestesista tuvo que estabilizarla; se fueron extrayendo los pedacitos de hueso de pollo hasta que se sacó el mayor. “Fue algo muy ‘artesanal’, hay que hacerlo tomándose tiempo, hay que darle tiempo a la recuperación del niño, introducir las pinzas adecuadas al tamaño del niño y de acuerdo a lo que uno ve adentro”, explicó y agregó que de no hacerse a tiempo y correctamente, podría haber perdido incluso una parte de su pulmón o la vida.
En este momento, la niña está bien, de alta, gracias a todo lo que se llevó adelante para un buen tratamiento.