Doble batalla en el oficialismo: fotos de unidad pero con fuertes mensajes internos por la fiesta en Olivos

Alberto Fernández reunió a todo su gabinete y después de semejante e inusual encuentro, nadie pudo precisar cuál fue el temario y ofrecer alguna conclusión. Vaguedades y frases del discurso de campaña constituyeron la declaración pública. Fuera de las formalidades, quedó en claro la señal pretendida: mostrar cohesión junto a Alberto Fernández, frente al sacudón provocado por las fotos y los videos del cumpleaños de Fabiola Yañez en días de cuarentena dura. Una necesidad por partida doble, porque busca atender el daño de imagen y responder la carga del kirchnerismo sobre Olivos.

La cita ampliada del equipo presidencial fue continuidad pero no lineal de las fotos de unidad que en apenas dos días ofreció el oficialismo. Primero fue un acto en Avellaneda y después otro en La Plata. Los dos tuvieron en el centro del escenario al Presidente y a Cristina Fernández de Kirchner. La cita platense había sido pensada únicamente para la campaña en Buenos Aires, con protagonismo de Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner. La presencia de Alberto Fernández y CFK expuso las dificultades para dar vuelta la página de las visitas y encuentros sociales en la residencia presidencial.

Las listas, las fotos y finalmente la difusión por cuenta propia de los videos –para tratar de agotar el tema, frente al temor de que existan otras imágenes- cambiaron el panorama imaginado en los escritorios que definen la campaña. La afirmación de la unidad pasó a ser un elemento central, práctico y además preventivo frente al riesgo profundo que podría generar un enfrentamiento sin retorno en medio de la crisis y camino a las elecciones. Ese es un dato político, pero también económico y social.Acto con foto de unidad, en Avellaneda: Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el centro del escenarioActo con foto de unidad, en Avellaneda: Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el centro del escenario

La ex presidente fue quizá la que primero lo tuvo en claro. Al menos, dejó de lado la intención de medir sus presentaciones en la campaña. Con todo, su juego no quedó restringido a sostener al Presidente sin más. No disimuló para nada su lugar central para garantizar la unidad del oficialismo en el momento más crítico de gestión, con incertidumbre sobre los efectos electorales pero con temores en las primeras evaluaciones.

De hecho, CFK condicionó su respaldo. La reconvención al círculo de Olivos, con aquello de “poner orden” donde haga falta, fue la recreación de fórmulas de estilo para dejar a salvo la figura del destinatario final del mensaje. Eso, sin esconder el sentido: enfatizó su lugar en la jefatura política. Y hasta fue gestual. El episodio de la interrupción del mensaje del Presidente, en La Plata, resultó la pintura más expresiva.

En simultáneo, el kirchnerismo duro se encargó de exponer que la unidad en el escenario no borraba los cuestionamientos internos. Más bien al contrario. Si antes se cuestionaba a algunos ministros, ahora se ponía el foco sobre el equipo de comunicación y otras áreas que dependen directamente de la Presidencia. La reacción de Alberto Fernández pareció apuntar hacia ese flanco. La foto de ayer en la Casa Rosada fue inusual, pero con algún antecedente como reflejo político similar ante presiones de CFK.

Alberto Fernández había tenido un encuentro con toda su primera línea de gestión hacia fin del año pasado. Fue presentado como un mensaje doméstico luego de que la ex presidente castigara sin nombrar a los funcionarios que no se mostraban activos y decididos –con miedo, según su definición-, algo fuerte además con el eco de su carta sobre funcionarios que no funcionan.

Ese juego de imágenes cruzadas estuvo presente desde el comienzo, en las celebraciones del triunfo electoral. Primero fue el acto en la noche de los comicios, con gobernadores impedidos de llegar al escenario que mostraba a Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Kicillof, entre otros. Apenas un par de días después, fue el acto del presidente recién elegido, en Tucumán, con gobernadores, dirigentes de la CGT y otros referentes del PJ tradicional. Parecía el anticipo de un armado interno propio que no tuvo el desarrollo insinuado.

El cuadro ahora es diferente por múltiples razones. Santiago Cafiero enfrentó los micrófonos después de la cita ministerial sin mucho que anunciar y con esperables preguntas sobre el festejo en Olivos y sus derivaciones. Dijo que no existieron otras reuniones sociales en época de restricciones sociales. Quedó expuesto en ese punto.

Nadie, ni siquiera en el ámbito oficialista, puede suponer que el encuentro de Gabinete tenga alguna repercusión significativa fuera del ámbito del oficialismo o de la política en general, como mucho. De modo tal que la imagen de cohesión en el Gobierno asoma limitada a los cruces de la interna. Parte de la doble partida que se juega a tres semanas de las elecciones.