Mientras negocia el plan para acordar con el FMI, el Gobierno hace un guiño al sector empresario y a la oposición

El acto por el Día de la Construcción funcionó ayer para el Gobierno como una puesta en escena sobre sus intenciones de diálogo con la oposición, empresarios y gremialistas. Ya fuera del embarrado terreno de la campaña, Alberto Fernández y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, participaron del evento organizado por la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), donde tuvieron un gesto con el sector, pero también enviaron un mensaje de consenso a la oposición. Sin Cristina Kirchner, el Gobierno prepara las bases para debatir el plan para el acuerdo con el FMI por el refinanciamiento de la deuda, que se debate por estos días a nivel interno en el Frente de Todos.

Agendado para las 18, el lugar elegido para el cónclave empresario fue la Confitería del Molino, emblemático edificio cerrado hace años que se planea volver a poner en marcha el año que viene. La locación fue una propuesta que hicieron a la CAC desde la administración del Congreso, que lo maneja, como primera señal de buena sintonía.

Estaba previsto que el Presidente participara de manera presencial, pero a último momento se avisó que finalmente asistiría de modo virtual, con una transmisión que se organizó a sobre la hora desde la Casa Rosada. Fuentes oficiales dijeron a Infobae que la marcha atrás en la visita se debió a cuestiones vinculadas a la seguridad. “La Casa Militar consideró que no estaban dadas las condiciones para que asistiera el Presidente”, dijeron fuentes oficiales. Frente al Congreso, al mismo tiempo que se realizaba el acto, tenían lugar dos marchas en simultáneo, una de grupos mapuches y otra de activistas por la legalización del consumo de cannabis.

Desde CAC aseguraron que no tomaron el faltazo del Presidente, que ya tenía una silla designada, como una señal negativa. “Ya lo hizo el año pasado, también por cuestiones vinculadas a la seguridad, en Olavarría, pero creemos que quería estar en ambas, fue una cuestión operativa”, dijeron a Infobae. Y señalaron que el acto “más importante” del sector es la convención anual.

Sí los sorprendió el discurso del primer mandatario, considerado poco preciso. En cambio, ponderaron, en el lujoso salón, las palabras que había brindado, minutos antes, Sergio Massa. El titular de Diputados le aseguró a la CAC y a la UOCRA que se aprobarán, en lo sucesivo, dos proyectos que estaban esperando hace meses, con prioridad para la postergada prórroga del blanqueo de capitales, que en el sector consideran “extremadamente importante”; y la creación de un fondo hipotecario que facilitará créditos con tasas accesibles para la construcción.

Massa prometió que el primer proyecto se aprobará en la Cámara baja antes de fin de año, para que esté operativo en 2022. El segundo se debatiría sobre tablas en los primeros meses del año que viene, aseguraron fuentes oficiales a este medio. “Creemos en la inversión pública y en la obra pública como uno de los motores de la economía y como uno de los pilares del crecimiento y del desarrollo económico. Y creemos en el trabajo como motor de la movilidad ascendente”, dijo el jefe del Frente Renovador frente al presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Iván Szczech, y el jefe de la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), Gerardo Martínez, los representantes más importantes de la actividad. Por parte de la CGT también participaron otros dos gremialistas de buena relación con el oficialismo: el co-titular de la central sindical, Carlos Acuña (estaciones de servicio); y José Luis Lingeri (obras sanitarias).

Massa envió un claro guiño para un sector que exige hace meses que salgan esas postergadas iniciativas, y que viene avisando, de cara al acuerdo con el FMI por el refinanciamiento de la deuda, que no tolerará recortes en los subsidios y la inversión pública, en especial en el área energética. “No diríamos que estamos preocupados, pero es un tema que nos ocupa y que venimos planteando”, dijo un importante referente de la construcción a Infobae sobre el acuerdo que el Gobierno pretende cerrar antes del vencimiento de pago de marzo. “Ahora, con la prórroga del blanqueo nos llevamos un compromiso importante”, agregó.

Alberto Fernández no hizo alusión a estos proyectos. En cambio, habló de conceptos amplios, vinculados al consenso. Se refirió a la importancia de la democracia, dijo que “el crecimiento del país es evidente” y llamó a evitar los discursos confrontativos. “Hay que contagiar esperanza, cuando muchos siembran frustración y odio”, sostuvo. En el acto, de manera presencial, lo escuchaban y veían en la pantalla dos de los hombres de su mayor confianza: el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, y el titular del Consejo Económico y Social y secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, parte importante de la negociación con los empresarios y los sindicalistas.

En la Confitería del Molino, más allá de la ausencia física de Alberto Fernández, recibieron el discurso presidencial con sabor a poco. Pero en la Casa Rosada aseguraron que estaba pautado que Massa se refiriera a los asuntos más específicos, y que las palabras del jefe del Estado reforzaran la idea de acercamiento con la oposición y los sectores más importantes de la economía en el marco de las proclamadas intenciones de consensuar un acuerdo sobre el plan de garantías para el FMI. Durante la campaña, el Presidente había hecho algunos acercamientos, en otro cónclave de la CAC, y en el Coloquio empresario de IDEA.

Las conversaciones con Juntos por el Cambio, y con los empresarios y sindicalistas -que se realizarán, respectivamente, en el Congreso y en el Consejo Económico y Social de Béliz- aún no empezaron, pero se basarán en el programa plurianual que Alberto Fernández enviará al Congreso, como anunció la noche de las elecciones generales, los primeros días de diciembre. “Fue un mensaje de llamado al diálogo que se viene”, dijeron en el oficialismo.

Ayer, frente a importantes empresarios, el Presidente evitó cuestionar a Mauricio Macri, en contraste de la línea de sus mensajes a lo largo de los últimos meses, en especial durante la carrera proselitista. La última vez que aludió de manera crítica al ex presidente fue en la Plaza de Mayo, el miércoles posterior a los comicios, cuando dijo que estaba dispuesto a dialogar con todo el arco político, excepto con el diputado electo de Avanza Libertad, Javier Milei, y con su predecesor. En Balcarce 50 dijeron que la postura orientada al consenso con Juntos por el Cambio se profundizará, al menos en los próximos meses, y que los dardos en contra del ex presidente mermarán.

La vicepresidenta Cristina Kirchner estaba invitada al acto, pero no asistió. En El Molino nadie esperaba que lo hiciera. “Fue un convite protocolar”, dijeron los organizadores. La última vez que se la vio en público fue durante el acto de cierre de campaña del Frente de Todos, en Merlo. Hoy, la gran duda es si su espacio político respaldará el plan que viene desarrollando el ministerio de Economía que conduce Martín Guzmán para negociar la deuda de 44.000 millones de dólares que dejó el gobierno de Mauricio Macri, y que, según las exigencias del FMI, debería conllevar un ajuste. En el acto de ayer, en representación de la vicepresidenta, estuvo su secretaria administrativa, María Luz Alonso, que se mezcló en la previa de los discursos con los empresarios, pero no emitió palabra en público.

“La idea del acto fue apuntalar a los sectores que pueden generar crecimiento en la Argentina. Generar un vínculo ahí. El activo más importante que tenemos hoy es generar un esquema de colaboración entre el Estado y el empresariado para generar empleo”, dijo anoche un importante referente del oficialismo. Pero todavía existen dudas en el empresariado sobre el apoyo que tendrá el acuerdo con el Fondo al interior del Frente de Todos, en especial de parte del kirchnerismo. El debate interno del oficialismo está en marcha y dentro de dos semanas se conocerían los detalles del plan que se presentará en el Congreso y que preocupa por su impacto a todos los sectores de la economía.