Un sector del peronismo marcó diferencias y cuestionó el peso de La Cámpora en el PJ local

La primera quincena de abril marcó una aceleración para los tiempos políticos del peronismo en Mendoza. Mientras la presidenta del partido -la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti– recorría departamentos, se produjo una concurrida reunión de «alternativos» en Guaymallén, en lo que no cuesta interpretar como un desafío a la hegemonía de La Cámpora en la provincia.

Anabel energizó su presencia territorial y a partir del martes inició un raid que la llevó en pocas horas a visitar a las nuevas autoridades partidarias de General Alvear y Malargüe. Más tarde se reunió con la intendenta de Santa Rosa, Flor Destéfanis, y el jefe comunal de la Paz, Fernando Ubieta. Con ellos compartió una charla para explicar el proyecto que se presentó en el Congreso Nacional con el objetivo de pagar la deuda del FMI a partir de recursos de quienes hayan fugado dinero.

El tándem Sagasti-Destéfanis llamó la atención, porque sugiere una sintonía entre figuras de orígenes distintos. Además, la santarosina suena como posible candidata a la gobernación en 2023.

Pero hay asuntos más urgentes: antes de fin de año el PJ local renovará autoridades. La pregunta es si, en medio de los vientos que soplan en el país, La Cámpora habrá alineado los patos para ese entonces o si la bandada del justicialismo tendrá otros vértices que disputen la hegemonía.

El intendente de La Paz, Fernando Ubieta; la intendenta de Santa Rosa, Flor Destéfanis; la senadora Anabel Fernández Sagasti y la diputada nacional Marisa Uceda.

El intendente de La Paz, Fernando Ubieta; la intendenta de Santa Rosa, Flor Destéfanis; la senadora Anabel Fernández Sagasti y la diputada nacional Marisa Uceda.

Disputa explícita

Mientras Anabel desplegaba su estrategia, el martes por la noche otra ala del partido acomodaba la leña para el asado en un predio de Guaymallén, bajo el lema «Encuentro, organización y militancia».

Los promotores de esa juntada dicen que asistieron más de 200 dirigentes territoriales, incluyendo intendentes candidateables al ejecutivo provincial como el lavallino Roberto Righi.

Entre discursos y mesas compartidas, hubo reclamos ante lo que esa faz del justicialismo local entiende como «una porteñización del peronismo».

Para que se entienda: ese sector asegura que La Cámpora obedece directivas trazadas desde Buenos Aires. Frente a eso, componentes como el Grupo Aldao -donde milita Emilio Caram, entre otros- reivindican un justicialismo más mendocinista, una «síntesis provincial y departamental que fortalezca las bases territoriales y técnicas». Por eso ya se convocan bajo los hashtags #AlternativaGuaymallen y #PeronismoParaMendoza.

En ese marco hace sentido, a su vez, la recorrida de Anabel por los departamentos mendocinos. Sabe que le cuestionan esa presunta dependencia de Buenos Aires y no quiere dejar el flanco sin defender.

Al menos dos tendencias, entonces. Hay quien resume el contrapunto como «kirchnerismo versus peronismo tradicional». Ese modo de describir la fricción está acicateado por la vuelta de lo que algunos ya rotularon como «perogansos», en la línea del peronismo más conservador. Pero el panorama es más complejo.

El intendente de Lavalle, Roberto Righi, fue uno de los oradores en el acto del peronismo en Guaymallén.

El intendente de Lavalle, Roberto Righi, fue uno de los oradores en el acto del peronismo en Guaymallén.

Un tablero no binario

El intendente de Maipú, Matías Stevanato, aseveró esta semana durante una entrevista con Radio Nihuil: «sí, los llaman perogansos; pero yo digo que son peronistas más de centro». Y nombró al titular del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) Martín Hinojosa y a los hermanos Martín y Sebastián Lafalla, del Grupo Olascoaga, entre los que «están buscando alternativas» de cara a los comicios del 2023.

Stevanato, de hecho, comunicó su apoyo a la reunión en Guaymallén. Se sumó, por ende, a Righi y a los Félix, que también están tendiendo puentes por ese lado.

Ahora bien: ni en el anabelismo son todos revolucionarios ni los otros son todos conservadores. La carta que publicó este viernes el legislador Rafael Moyano -que fue anfitrión en el cónclave de los «alternativos»- empezó con la frase «nosotros nunca nos fuimos» y terminó con un «Viva Perón» y un «Viva Néstor».

Moyano -que en 2016 se integró a Unidad Ciudadana y luego se fue- le critica al camporismo la «falta de debate» y la «poca presencia en territorio».

De hecho, el senador escribió que antes «se soportaban las disidencias, se generaban espacios amplios, entendíamos a la política en función de la demanda de las mayorías». Y después metió un palazo: «hoy el espacio denominado ‘k’ en Mendoza no nos representa, no nos abarca, no nos comprende».

El senador Rafael Moyano fue uno de los anfitriones de la juntada en Guaymallén.

El senador Rafael Moyano fue uno de los anfitriones de la juntada en Guaymallén.

Para Moyano y muchos de los que se juntaron el martes, pues, el plan de acción de Anabel «tiene la mirada puesta en las minorías». «Aunque conduzcan el partido no implica que sea la voluntad de la mayoría del peronismo (…) Estamos vivos, no nos van a jubilar, aún tenemos mucho por dar, es hora de retomar y conducir el proyecto que legamos», redondeó.

En criollo: le quieren disputar a Anabel la dirección del partido y las candidaturas. Encima, el 1 de mayo se renovará la mitad de cada una de las ambas cámaras y ya se puja por definir quiénes serán las autoridades de bloque del Frente de Todos en el Senado provincial y en Diputados.

Viejos reclamos

No son rupturas definitivas, pero se está jugando fuerte. Es como si algún tipo de freno se hubiera roto y los referentes se animaran a decir en voz alta lo que antes preferían reservar para ámbitos cerrados.

Aquí, un ejemplo: «nosotros teníamos una lista para renovar el peronismo en Guaymallén, con gente nueva que nadie podría relacionar con Luis Lobos de ninguna forma. Sin embargo en su momento La Cámpora apoyó la lista oficial del peronismo en vez de favorecer un proceso político que fuera completamente nuevo. Así que no es un problema de candidatos: al justicialismo le sobran. El problema es cómo se conduce el partido«.

Nobleza obliga, no falta quien lee estas disidencias como un efecto del proverbial olfato que tienen los peronistas a la hora de seguirle el rastro al poder. En ese sentido, el «modo pimpinela» que adoptaron Cristina Kirchner y Alberto Fernández se interpreta como una oportunidad para que crezcan sectores no ligados directamente a La Cámpora.

Se rumoreó que Semana Santa podía marcar un hito en ese proceso de tensión dentro del Frente de Todos. El ministro de Economía, Martín Guzmán, hasta advirtió que se «seguirá gestionando con los alineados». Si ello implica la salida de kirchneristas duros que están en áreas estratégicas -como Energía- el balance de fuerzas se alterará, y tarde o temprano eso tendrá sus repercusiones en la provincia.

Otro militante que prefirió el anonimato criticó «las peleas a través de los medios de comunicación». «El peronismo nunca hizo eso. En todo caso, se debatía puertas adentro y luego se daba una conferencia de prensa. En cambio hoy tenemos a demasiados dirigentes que tratan de resolver sus discusiones a través de los medios y no en el marco partidario«, señaló.