Fernández Sagasti había negado una crisis en el Frente de Todos antes de la ruptura en el Senado

El mismo día en que el Frente de Todos comunicó su ruptura -real o impostada- en el Senado del Congreso de la NaciónAnabel Fernández Sagasti negó que hubiera conflictos internos. Fue el martes durante la visita del ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, y al repasar sus declaraciones quedan dos opciones: o conocía lo que se venía y disimuló o no sabía nada sobre la novedad.

Lo cierto es que cuando el periodista de Radio Nihuil Federico Zalazar le preguntó a Sagasti si había hablado con Cristina Kirchner sobre su relación con Alberto Fernández y la crisis en el oficialismo, la entrevistada respondió que «todos están encaminados para mejorar la vida de los argentinos».

Faltaban pocas horas, quizá minutos, para que oficialismo concretara lo que algunos llamaron «jugada maestra» y otros «una actitud vergonzosa»: la división de esa fuerza política en el Senado, lo que en los papeles le permitiría al oficialismo meter más representantes en el estratégico Consejo de la Magistratura.

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Anabel Fernández Sagasti: ¿ingenua o estratega?

La ingenuidad no existe en política. Si se tiene en cuenta que Fernández Sagasti es vicepresidenta del bloque oficialista en la Cámara Alta -a lo que se suma su cercana relación con Cristina- es imposible que desconociera lo que se cocinaba en el Congreso.

Igual Anabel estuvo mesurada en sus contactos con la prensa. Eligió un tono casi casual. «Yo no soy exégeta de nadie -se atajó-. Lo que puedo hacer es dar mi opinión. Comparto con ella (Cristina) el ambiente de trabajo en el Senado. Y nuestro único objetivo, el del Presidente -y la vicepresidenta- es ayudar en este momento para que la gente mejore su vida».

Cristina Fernández de Kirchner y Anabel Fernández Sagasti tienen una relación cercana.

Cristina Fernández de Kirchner y Anabel Fernández Sagasti tienen una relación cercana.

En ese mismo sentido, y respecto a las discusiones alrededor del Consejo de la Magistratura, la legisladora justicialista señaló como al pasar que «estamos en una crisis institucional muy importante que la Corte ha planteado con el Congreso de la Nación, no con el Ejecutivo Nacional».

Y remató: «Hoy hay obra pública como nunca; hay que seguir fortaleciendo los salarios y estamos todos orientados a que eso suceda».

El eje del discurso, pues, estuvo en la gestión y las obras. Pero la omisión respecto a lo que se venía en el Senado es un gesto político innegable; una marca de estilo que cada quien interpretará como prefiera.

Qué es el Consejo de la Magistratura y por qué todos se pelean por él

El Consejo de la Magistratura es un órgano encargado de funciones fundamentales para el Poder Judicial. Entre ellas, la selección de los magistrados -excepto los de la Corte Suprema- y su sanción si cometen algún ilícito. Está regido por el artículo 114 de la Constitución.

Así las cosas, quien controle el Consejo puede demorar o agilizar, por ejemplo, la remoción de jueces cuestionados. O puede «meter» magistrados afines a tal o cual tendencia política.

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En 2006, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires se presentó ante la Justicia para cuestionar la reforma en la integración del Consejo decidida durante el gobierno de Néstor Kircher.

El pleito cayó en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que no tiene plazos para resolver estas cuestiones.

Fue recién en diciembre de 2021 que el máximo tribunal se expidió: declaró inconstitucional el balance entre consejeros técnicos y políticos que existía hasta entonces y fijó un plazo de 120 días para que el Congreso sancionara una nueva ley o se volviera a la composición de 20 miembros previa a la ley modificada en 2006 que los redujo a 13.

El Congreso Nacional no sancionó la nueva ley -el proyecto pasó por el Senado pero se estancó en Diputados- y entonces el lunes la Corte resolvió que el Consejo de la Magistratura funcionaría de acuerdo con el fallo dictado en diciembre, aunque no tuviera la totalidad de los integrantes designados.

Faltaba, pues, designar nuevos miembros. La normativa indica que se otorgan representantes a la mayoría y a la segunda y tercera minorías legislativas ¿Cuál fue la opción del oficialismo nacional? Partir su bloque del Senado en dos.

El consultor cercano al oficialismo Artemio López describió la previa en su perfil de Twitter:

Fernández Sagasti entre la astucia y el juego de poder

O sea que el martes por la noche, el Frente de Todos se dividió en la Cámara Alta. Por un lado quedó el Frente Nacional y Popular -con 21 integrantes- por otro el bloque Unidad Ciudadana -con 14-.

De esta forma, Unidad Ciudadana se transformó en segunda minoría y dejó fuera de la repartija al PRO, que quedó tercero, debilitando a la oposición en el Consejo.

¿Astucia? ¿Juego de poder? La conclusión queda a cargo del lector. Y mientras la polémica arde en los medios y las redes, es imposible no recordar, aunque sea con una risa salpicada de acidez, la frase atribuida a Otto von Bismarck: “Si te gustan las salchichas y las leyes, no preguntes cómo se hacen”.