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La estrategia de Rodolfo Suarez fue contrastar su gobierno con el nacional del Frente de Todos

La palabra gubernamental no es que sea la realidad misma, pero cobra valor en la medida en que logre generar expectativas sobre los aconteceres actuales y por venir. El desafío del clásico discurso del 1 de Mayo, en la Asamblea Legislativa, es generar repercusiones favorables y generar agenda de trabajo o, al menos, instalar los asuntos prioritarios de debate.

Para ello, lo que diga el gobernador debe resultar verosímil, aunque la atención de los habitantes esté centrada en sus quehaceres cotidianos del feriado del Día del Trabajador. Los principales dirigentes, y los referentes periodísticos serán, entonces, los encargados de sopesar los diagnósticos y los anuncios.

Esta vez, Rodolfo Suarez decidió dar más preponderancia al balance de lo actuado que a las consabidas promesas anuales. Y sin estridencia, haciendo hincapié en los logros, con notorias omisiones y sin autocríticas, se las ingenió para poner la pelota en el campo adversario.

Lo hizo apuntando al conflicto del Frente de Todos que repercute en el gobierno de la Nación con efectos en la economía y consecuencias en las provincias. Allí se encargó de machacar que el manejo de la macroeconomía excede al gobierno local, que sí ha dispuesto sus limitadas herramientas en la promoción de la inversión y del empleo.

Mendoza, la discriminada

También se ocupó el gobernador de contrastar con el gobierno nacional el manejo de las cuentas públicas y la baja en las alícuotas de los ingresos brutos frente a la mayor presión fiscal en la política de Alberto Fernández.

Sin olvidarse de denunciar que Mendoza es discriminada por la Nación en la distribución de los recursos, se diferenció en el manejo de la pandemia, la apertura de la actividad económica y el regreso temprano a las aulas.

Temas como la ley de extinción de dominio y la boleta única, que está por tratarse en el Congreso, le sirvieron a Suarez para destacar que aquí han sido pioneros en esos aspectos institucionales. Al mismo tiempo, al aprovechar como ejemplo al caso Lobos -sin nombrarlo- contrastó el funcionamiento institucional de la Provincia en la lucha contra la corrupción. En Mendoza, dijo el gobernador, «no da lo mismo» estar fuera o dentro de la ley.

A la hora de los balances, el gobernador destacó en cada tramo algunos indicadores salientes: bajó al 6,7 por mil la mortalidad infantil y al 7,5% el embarazo adolescente; aumentó en 10 mil el número de estudiantes en el sistema educativo; la producción de agua potable subió 10%, 2.000 millones de pesos se está invirtiendo en agua y saneamiento; el robo agravado bajó 50% desde 2015; el superávit fiscal fue del 11% respecto de los ingresos corrientes en 2021; la deuda provincial disminuyó en el 8% en pesos constantes desde el último gobierno peronista. Son algunos de los números detallados en el discurso, de un extenso balance en todas las áreas que siempre resulta tedioso para el auditorio.

Luego la oposición, mayoritariamente peronista, se encargó de relativizar lo resaltado como logros por el mandatario y de apuntar a los aspectos críticos esquivados en el discurso. En lo que más pusieron foco fue en el conflicto existente con los médicos prestadores, en los problemas financieros de la Osep, y en el mayor aumento de la pobreza respecto de otras provincias gobernadas por el peronismo.

A la hora de señalar al agua como el recurso estratégico más importante, Suarez volvió a pedir un pronto pronunciamiento presidencial sobre Portezuelo, pero evitó explayarse sobre un plan B, quizás con el propósito de que todo el costo sobre un eventual fracaso recaiga sobre la espalda del gobierno nacional.

Ya sobre el cierre, le pidió al peronismo con mayor vehemencia que «no ponga palos en la rueda» y se avenga a debatir el cambio de la Constitución, lo que requiere una mayoría especial de dos tercios para declarar la necesidad de la reforma. Sin contar con el número de votos, el oficialismo pretende poner en evidencia, otra vez, que si no se avanza será responsabilidad exclusiva de la oposición.

Rodolfo Suarez viaja a Buenos Aires con un reclamo al presidente Alberto Fernández.

Contrapuntos

Sin tardar demasiado, fue la jefa del peronismo, Anabel Fernández Sagasti, la encargada de declarar a la prensa que existe un mandato partidario expreso de no tratar esta reforma de la Carta Magna, por no haber sido consensuada con la oposición y porque se trata de «un engaño político».

«Al gobernador le faltó referirse a los verdaderos temas cotidianos de los mendocinos», remató la senadora nacional cristinista.

El discurso de Suarez no sobresalió por anuncios ni por marcar un plan maestro para los próximos años, ni mucho menos por dar un golpe de timón en la etapa que resta de su mandato.

No obstante, lo que dejó bien marcado es su intención de contrastar su gestión -a la que caracteriza en varios aspectos como la continuidad del período que inició Alfredo Cornejo- con el gobierno nacional del Frente de Todos.

Rodolfo Suarez, dentro de las circunstancias, se muestra conforme con su gestión y confía en que los mendocinos sabrán diferenciar su gobierno del que preside Alberto Fernández. Por eso enumera el apego a la ley, la disciplina fiscal, la fuerza de la actividad privada en la generación de riqueza, el rol del Estado como prestador de servicios de calidad y garante de la equidad. «Tenemos valores distintos», dice con énfasis sobre esa hoja de ruta, mientras insiste con que la Nación genera incertidumbre.

Entre algunos indicadores mensurables y obras tangibles que se pueden comprobar, no siempre están a la mano de todos las evidencias empíricas de los balances que se suelen esbozar en los discursos gubernamentales.

Entre dimes y diretes, los discursos no suelen ser más que eso, tengan o no apego a la realidad. Lo importante es la capacidad de convercer a propios y extraños de que lo que se expresa se aproxima a la verdad y de que se es capaz de cumplir con los objetivos comprometidos. El veredicto llegará a su turno de la mano de los ciudadanos.

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