Luego del anuncio de las nuevas medidas, los mercados esperan que Cristina Kirchner apruebe el plan de Batakis

En medio de la espiral alcista de la inflación y el dólar, Silvina Batakis dejó de lado los históricos dogmas kirchneristas y anunció que su objetivo es ir hacia el equilibrio fiscal. Faltaron, sin embargo, precisiones sobre cómo piensa lograrlo, teniendo en cuenta que el rojo primario de este año apunta a superar el 3% del PBI, similar o incluso levemente superior al del año pasado. Desandar ese camino requerirá de un enorme esfuerzo de control de gasto y también de un apoyo político por parte de la Vicepresidenta Cristina Kirchner que no está claro si conseguirá.

Batakis se mantuvo así en línea con las primeras expresiones que había brindado ni bien fue designada al frente del palacio de Hacienda. Ayer volvió a confirmar su compromiso con el equilibrio fiscal y justificó el déficit de los últimos tiempos por los efectos de la pandemia.

En la misma línea se ratificó el acuerdo con el FMI tal como lo había hecho su antecesor Martín Guzmán. Ese compromiso incluye una reducción del rojo fiscal a 2,5% del PBI para fin de 2022, lo que requerirá de un importante esfuerzo en este segundo semestre del año.

La ministra acertó en enfocar su mensaje en la necesidad de volver al equilibrio de las cuentas públicas. Sin financiamiento internacional y cada vez más complicado para conseguirlo en el mercado interno, el déficit fiscal se traduce automáticamente en más emisión monetaria, que presiona sobre la inflación y el dólar.

Las reacciones políticas del anuncio están por verse. Uno de los principales interrogantes entre los operadores es cuál será la reacción de Cristina Kirchner y la Cámpora, ya para los mercados resulta esencial que haya un pronunciamiento explícito acerca de las medidas anunciadas ayer por Batakis antes de la apertura de los mercados. Por lo pronto, ya hubo algunas reacciones de gremios como ATE (Asociación de Trabajadores de Estado) Capital, ante el anuncio del congelamiento de vacantes para el sector público.

La aceleración de la crisis inflacionaria y cambiaria dejó a Silvina Batakis sin otra opción que anunciar un fuerte ajuste fiscal, en contra de lo que profesa el dogma del kirchnerismo. La ministra de Economía consiguió una recuperación de los bonos en pesos, que al menos aleja los peores temores

Más allá de las buenas intenciones, no quedaron despejadas las dudas sobre cómo conseguirá su objetivo de ir hacia el equilibrio fiscal. El congelamiento en las contrataciones del Estado puede llegar a frenar el aumento del gasto, no lo reduce. También hizo hincapié en la segmentación de tarifas, que se aplicaría en los mismos términos que los anunciados en su momento por Martín Guzmán. Sin embargo, para la mayoría de las familias el aumento de las tarifas será la mitad de la inflación esperada para el año (45% en promedio contra más de 80% que se espera para este año para el índice de precios).

Además, se comprometió a gastar sólo lo que ingrese en la caja. Pero tampoco hay certezas de cómo se implementará. El peligro, advierten los economistas que ya han vivido intentos parecidos en las últimas décadas, es que se produzca un gran aumento de la “deuda flotante” del Estado. Se trata de una vieja práctica de seguir gastando, pero patear los pagos para adelante. Un verdadero “pagadios” que luego le explota en las manos a la futura administración.

Faltaron, por otra parte, anuncios relacionados con un achicamiento en el tamaño del Estado. En su momento el ex presidente Mauricio Macri redujo a la mitad los ministerios para lograr el objetivo de equilibrio presupuestario, tras el acuerdo con el FMI. Tampoco se mencionó qué sucederá con los millonarios rojos que presentan empresas públicas como Aerolíneas Argentinas, que son sostenidas por transferencias del Tesoro.

No hubo anuncios en relación al mercado cambiario. Batakis volvió a subestimar los efectos de la brecha cambiaria y reiteró que está descartada una devaluación del tipo de cambio oficial

Batakis anunció además un revalúo inmobiliario en todo el país, cuya organización recaerá en el ministerio de Economía. Se trataría de un nuevo impuestazo que apunta a mejorar la recaudación de Bienes Personales, que hoy tiene un peso inferior a 1% del PBI. Los representantes del sector agropecuario fueron los primeros en advertir sobre esta posibilidad y ratificaron el paro previsto para mañana.

El enfoque sobre el problema fiscal provocó un primer impacto positivo, aún cuando se trató de un efecto leve. Los distintos dólares financieros cayeron un 2% en promedio y el Banco Central consiguió comprar USD 80 millones. Lo más interesante pasó por los bonos en pesos, que ya sin intervención del Central para sostener los precios, subieron 3% en promedio y así favorece la renovación de deuda para las próximas licitaciones.

No hubo anuncios en relación al mercado cambiario. Batakis volvió a subestimar los efectos de la brecha cambiaria y reiteró que está descartada una devaluación del tipo de cambio oficial. “Tendría un fuerte impacto en los precios”, justificó. No hubo tampoco medidas concretas con el “dólar tarjeta”, a pesar que implica un subsidio del 20% a favor de los que viajan al exterior.

Más allá de la tregua de los mercados financieros, la incapacidad del Central para acumular reservas sigue siendo un problema mayúsculo para la economía argentina que sigue sin ser encarado. Sólo una recuperación de la confianza de los inversores, algo que por ahora sigue muy lejano, ayudaría a recomponer el stock de dólares. Mientras no ocurra, la posibilidad de un recalentamiento de la crisis seguirá latente.